A sus 28 años, Astor Cianciarulo parece atravesar un momento de transformación profunda. Más allá de ser parte de Los Fabulosos Cadillacs y Lost Marplas, hoy es padre, músico multiinstrumentista y un hombre que encuentra en la familia y en su propia voz el motor para explorar nuevos caminos.
Con Nueva Visión, se animó a dejar los prejuicios y dar el salto personal desde el estudio de su casa. Más que un debut, sus canciones son el reflejo de una nueva etapa, donde la intimidad y la autenticidad se imponen por encima de las luces y los grandes escenarios.
En esta entrevista, Astor habla de su proceso creativo, la herencia familiar y el desafío de asumir, por primera vez, el protagonismo total.
“Desde niño deseaba una vida en el mar” dice Astor Cianciarulo en “Rompiente”, canción que abre “Nueva Visión”, su debut solista. Una frase que parece resumir no sólo un deseo infantil, sino también el anhelo profundo de seguir proyectando su camino artístico desde el Atlántico.
Ligado a Chapadmalal desde los 16 años, hoy decidió sumergirse en las aguas de la producción general, tras horas nocturnas de trabajo en el estudio. Es también el lugar donde pasa tiempo con su hijo: uno graba, el otro juega. Tal como él lo hacía de niño junto a su padre Flavio.
Un círculo de sonidos y goces que parece repetirse, marcando la herencia y la continuidad de una pasión familiar que atraviesa generaciones.
¿En qué momento comenzaste a componer estas canciones?
Hace varios años, sobre todo desde la pandemia en adelante, desarrollé una pasión increíble por el estudio, pasar más tiempo ahí, grabarme. En ese sentido, y con esa pasión descubierta siempre estuve componiendo pero por algún motivo no me animaba a darle forma al proyecto. Siempre fui un bicho de banda, no me animaba a hacer todo yo mismo.
Son cosas que llegan, de un día para el otro en mi cabeza empezó a resonar lo de hacer algo con esas canciones, estando tanto tiempo en el estudio. Es el lugar donde paso la mayor cantidad de mi tiempo, hasta lo hago con mi hijo, mientras él juega yo grabo. Es hermoso.
Empecé a decirme a mí mismo de hacerlo, animarme a darle forma y hacerlo con mi nombre. Tenía como una especie de resistencia al proyecto solista, sobre todo por este preconcepto que tenía de bicho de banda. Se empezó a dar, y lo comencé a disfrutar mucho. Y me animé a hacer todo yo, desde grabar hasta subirlo a las plataformas, no quise depender de nadie.
Astor sostiene que nunca pensó en un formato de banda. Principalmente, por motivos de tiempo considera que hoy sería difícil armar un grupo; y en el marco de un contexto donde Los Fabulosos Cadillacs giran en distintas partes del mundo festejando sus 40 años. Pero en el estudio encontró algo primordial para cualquier ser humano: la libertad para decidir cómo suena cada instrumento. “En esa libertad, me hallé bien”, afirma.
Él mismo se encargó de la producción, la composición, letras; grabó las voces, bajos, guitarras y percusión de todas sus canciones.
Mientras ibas componiendo las canciones, ¿te diste cuenta que eran para un proyecto solista y no para una nueva banda?
Si, con estas canciones sentí que era algo muy mío, muy Astor. Cuando compongo para las otras bandas ya lo pienso con la sazón de esas bandas. Lo que tienen estos temas es que son distintos unos con otros, pero también corresponden a una suerte de hilo conductor, cada canción ocupa su lugar.
A mi siempre me ha gustado el pop, la guitarra distorsionada del punk rock, y con esta nueva etapa se me vino mucho el pop. Se dio de manera natural que vaya decantando al lado cancionero, la distorsión es un recurso casi nulo en el disco.
Cuando empecé a componer Rompiente estaba terminando de leer el libro Sobre Héroes y Tumbas de (Ernesto) Sábato, que me marcó. Escribí las letras en lápiz y papel, y con esto del libro traté de ficcionar un poco la letra. Efectivamente a los 16 años pude vivir en el mar, por eso el disco en general es algo muy propio.
NUEVA VISIÓN, TIEMPO DE REACCIONAR
Astor reconoce que con el nombre Nueva Visión quiso hacerle un guiño a la banda que supo tener con su hermano Jay, marcando un nuevo comienzo musical. “Visión también representa una cuestión muy amplia, de libre interpretación, que te lleva a varios lados. Nueva Visión corresponde a una nueva visión de la vida, de cómo a lo largo de los años uno va cambiando la visión de ciertas cosas. La llegada de mi hijo me amplió el juego. Es ver la vida desde otro lado, siendo padre y con la presencia muy marcada de la familia”.
Tocas todos los instrumentos. ¿Hay alguno con el que te sientas más identificado?
Si bien empecé con la batería, me siento más identificado con el bajo, es el instrumento que más toco en el día. Hay una relación entre ambos instrumentos también, son los de base; y a mi siempre me gustó esa parte de una banda, son el motor. Si hay una zapada ahora, agarro el bajo. La mayoría de los temas salieron componiendo con el bajo, en momentos de óseo en casa.
También mezclaste y masterizaste el material. ¿Qué buscaste en esa parte de la grabación?
Lo que busqué del audio en general fue lo orgánico, me propuse el desafío de editarlo y retocarlo lo menos posible y el paso final fue dejarlo lo más orgánico posible. De hecho, hay muchas tomas directas con errores que dejé. Hay una regla que dice que “el que mezcla no puede masterizar”, entonces en el proceso final traté de no tocar tanto.
Me gusta mucho lo del mastering, tengo como referencias a mi compañero Marito Siperman quien me dio mucha información. También Walter Chacón, el operador de los Cadillacs, con quien también compartimos data y consejos al respecto. Me animé a hacerlo, sabiendo que es un mundo muy diferente al de la mezcla.
Siento que hoy en día está todo tan trabajado y comprimido, donde te das cuenta si la toma es completa o directa. Yo con esto, me propuse hacerlo lo más natural posible, que no pase por muchos procesos.

¿Qué esperas que suceda de ahora en más con el disco?
Principalmente salir a tocarlo, armar una banda de acá marplatense, eso me encantaría. Pero va a llevar un tiempo hacerlo. Primero tiene que pasar que los Cadillacs paren un poco y armar una banda con amigos. A la hora de tocar, priorizo tocar con amigos siempre.
Me acostumbré a subirme a algo que ya estaba super armado, entonces ahora es lindo el desafío de volver a empezar con un grupo, armar las fechas, salir a tocar.
¿Y te ves proyectando muchos años como solista?
Si, me veo, me encantaría. Siento que es algo que llegó para quedarse en mí. Me encantaría hacer más discos, EPs, grabar en otro lado, con algún productor. Me gustaría trabajar con Álvaro Villagra, o con Mario Breuer.
SANGRE LFC
Astor remarca en todo momento la importancia de su familia: padre, madre, hermanos y ahora esposa e hijo. La herencia y su apellido no le pesan. Al contrario, son parte de su naturaleza.
Los Fabulosos Cadillacs son la banda de su vida y a la que siempre agradece poder compartir sus canciones, escenarios y giras, donde también pudo darse cuenta del poder de la música.
“Estuvimos en Londres y en Berlín donde la gente se notaba que le encantaba la banda. Ahí te das cuenta cómo la música trasciende fronteras, va más allá del idioma. Nos tocó ver a los argentinos que han emigrado, y cómo escuchando ciertas canciones vuelven a sentir cercanía con el país, con su familia. Con los temas más emblemáticos de los Cadillacs vi a gente con lágrimas en los ojos, un desborde de emociones. Y es lógico, son personas que no vuelven a su país hace muchísimos años. Eso me pegó mucho”.
¿Necesitas tomarte un tiempo entre los shows multitudinarios de Los Cadillacs para después tocar en un bar para 50 personas en la costa?
Disfruto mucho de tocar, sea donde sea, con amigos, en familia, para 300 mil personas en el Zócalo de México, o acá en la playa. Cada tocada es única, el público es distinto. Claramente son muy diferentes los momentos. Me pone más nervioso la ecuación de menos gente, lo veo más íntimo, pero no necesito bajar de una situación a la otra.
Subo al escenario y es eso, lo que pasa en el momento es hermoso. Cambio el chip rápidamente y se goza. Me gusta tanto tocar que disfruto todo.

¿Te imaginás viviendo en otro lado que no sea Chapadmalal?
No podría alejarme del mar. No me veo en grandes ciudades, soy de una manera que no va con el ritmo de esos lugares. Siento que me desbordaría bastante. Cuando me toca viajar o girar, siento que Mar del Plata tiene una cuerda que me tira. Siempre que me voy, extraño. En pleno invierno puedo ir a la playa, ese rato de observación hacia el mar es sanador.
“Soy así, no voy a cambiar…soy hijo, soy amigo, y ahora soy padre, el padre de Dante” sostiene en “Soy Así”. Familia, mar y música para compartir desde su nueva visión.
Cualquiera podría decir que la historia se repite, pero en este caso también se reinventa. Y Astor, con los pies en la arena y el corazón en el estudio, empieza a escribir la suya.
