Cuando todos pensábamos que “Tierra, Carnes y Sangre” era lo último que Pil Chalar había dejado como obra; el periodista, escritor y docente Juan Ignacio Provéndola reveló un último testimonio realizado en conjunto.
Se trata del libro “Represión, el punk antes del punk” (ya en su segunda edición), en el que ambos ponen en valor y relatan en detalle el camino y el entorno de Los Violadores hacia su primer disco. Una piedra fundacional del punk latinoamericano grabado durante la última Dictadura en Argentina.
En diálogo con Revista Paratextos, Provéndola se refirió a los motivos que tenía el cantante para hacerlo, el valor simbólico que representaba el álbum debut, y los pormenores de la edición del libro luego de su muerte.
“Vamos a hacer estallar la emoción, vamos a tener que cambiar a la gente, vamos a tener que cambiar el rock” decía Violadores en la canción Cambio Violento de su álbum debut.
Ideas claras, directas y sin vueltas de un grupo que parecía escupir lo que otros querían callar. Durante el Golpe de Estado, se arriesgaron a grabar un disco que ninguna compañía quería editar y que fue publicado un año y medio después con la llegada de la democracia.
Para Juan Ignacio Provéndola, el material fue rejuveneciendo y teniendo su reconocimiento a través de generaciones posteriores. En esa Argentina de principios de los 80 nada ni nadie relataba la importancia de haber creado el primer disco del punk argentino y sudamericano.
¿Qué trato tuvo la prensa con la salida del disco? ¿Qué medios había y que eco se hicieron del lanzamiento?
El trato fue nulo porque el disco quedó desfasado en varios aspectos. Fue grabado en junio del 82, días antes del final de la guerra de Malvinas y editado en diciembre del 83. Ni la banda era la misma ni el país era el mismo.
Cuando el disco sale Hari B ya no estaba, Stuka pasa del bajo a la guitarra entonces cambia un poco el sonido de la banda y la intencionalidad, algo que queda de manifiesto en el disco “Y Ahora Qué Pasa eh?”. Se nota una diferencia muy grande de sonido entre uno y otro. Y el país no era el mismo porque el disco se grabó en el contexto de Malvinas, con la guerra muy presente. Eso se nota en las letras donde el tópico bélico está presente, hasta hay sonido de explosiones; pero sale con la vuelta de la democracia y toda esa primavera que se desencadena. El disco no es un registro de la banda cuando sale ni de lo que era el país.
Medios había pocos, apenas algunas páginas de Gloria Guerrero en la revista Humor, la Expreso Imaginario había dejado de salir. Recién a partir del 85 empiezan a haber medios más específicos como Rock And Pop o el Suplemento Sí de Clarín.
El disco recién empezó a tomar dimensión con el paso del tiempo. La demora de un año y medio en publicarlo termina siendo una eternidad para los efectos promocionales.
Provéndola también afirma que décadas después, “el disco termina rejuveneciendo en el sentido de ser observado como un objeto de culto: el primer disco del punk argentino y de Sudamérica”.
Se trata del primer material en Hispanoamérica de una banda que fue continua e influyente con el paso del tiempo, cuando aparecieron varios músicos de generaciones posteriores valorándolo como una gran influencia. “Por eso Pil quiso hacer este libro, para en algún punto remediar el poco registro que tuvo el disco ni bien salió” sostiene quien lleva editado otros seis libros vinculados al rock, la política y también el fútbol.
EL PROFESOR PUNK
El vínculo entre Juan y Pil comenzó a través de entrevistas. La primera fue realizada en el año 2002 cuando Provéndola editaba la revista Si Se Calla El Cantor. Con el tiempo, los encuentros y llamadas se extendieron hasta que la salida del libro Rockpolitik afianzó la relación a través de devoluciones del propio Chalar. El nexo se tradujo en un viaje de mochileros a Jujuy, charlas compartidas en el Club Cultural Matienzo, en el CC Rojas y en la mismísima Facultad de Ciencias Sociales en el marco de la cátedra “Rock y Política”.
Las grandes aulas con alumnos, seguidores y profesores vieron al cantante y letrista como una palabra autorizada dentro del mundo de la intelectualidad. Algo que se reserva para unos pocos. “A Pil lo sedujo también mostrarse en ámbitos en los que no estaba acostumbrado”, refuerza Juan.
¿Cómo definís el vínculo que creaste con Pil a partir de las charlas y viajes? ¿Por qué te eligió para este libro, teniendo en cuenta el antecedente del libro hecho con Kramer?
El vínculo con Pil fue hermoso, de amistad ante todo. Nos llevábamos muy bien, nos divertíamos, nos respetábamos, nos sentíamos cómodos mutuamente por eso pudimos compartir jornadas, días y semanas.
Tal es así que Pil cuando venía a Buenos Aires sin su esposa y su hijo paraba en mi casa, y lo hacía porque era un caballero, un tipo súper respetuoso, prolijo, discreto, moderado, muy divertido, muy interesante para conversar. Pasábamos horas charlando sobre música, películas, fútbol, de política, de la situación actual. Las cosas se daban por naturaleza y eso creo que nos hizo sentir cómodos a los dos.
El libro fue una excusa para hacer nuevos viajes juntos después de compartir ese viaje a Jujuy donde él presentó su primer libro y yo Rockpolitik. Fue algo muy austero, de mochileros, lo hacíamos a cambio de comida y del alojamiento.
El libro también fue una manera que él encontró desde su cariño y amistad de tenerme a mí activo en un período bravo de operaciones y de tratamientos. Pil de alguna manera me apuró a empezar con el libro para que tenga la cabeza distraída. Se lo agradezco porque eso fue un gesto de amistad.
El libro fue un instrumento para otras cosas pero con un tema que le obsesionaba: rescatar esa primera etapa de Los Violadores que él consideraba la más punk. Fue una manera de mantener a resguardo en su recuerdo lo que significó el grupo para él después de la última experiencia en el Teatro Gran Rex.
Pil fue a ese primer recuerdo, donde eran todos mucho más inocentes, donde no estaba el concepto del mercado ni de la plata, ni la fama ni el ego. Eran cuatro pibes conectados por un gusto musical en común, que es lo único que los conectó. De otro modo, nunca se hubiesen vinculado. Todo eso dejó un disco que fue fundacional y que envejeció bien por el sonido, la crudeza y porque es un registro de esa Argentina del 82.

Pil Chalar no sólo se diferenciaba a través del estilo de sus bandas (Violadores y Pilsen) dentro del espectro del rock argentino, sino que también varias veces mostró no sentirse parte. ¿Esa relación cambió con el tiempo?
Una cosa es analizar a Los Violadores como un conjunto de personalidades, por cierto, bastante distintas o mucho más diferentes de lo que uno imagina dentro de un grupo que parecía comulgar con ideas similares; y otra cosa es analizarlos por separado.
En el caso de Pil, es el que llevó adelante el discurso de Violadores más allá de que en algún momento no todos estuvieran de acuerdo con lo que opinaba.
Su manera de pensar fue cambiando, su manera de escuchar, de leer la realidad a través de la información y el conocimiento que iba incorporando. Iba modificando su manera de interpelar la realidad y el mundo que habitaba y eso se aplica con el rock argentino.
Con el tiempo, Pil fue sabiéndose parar con más justeza y más honestidad intelectual lo que moralmente podía estar bien y lo que no.
Un ejemplo es el de Pil valorando muy bien a Andrés Calamaro. Más cerca en el tiempo, Calamaro dio un vuelco a la derecha bastante pronunciado y reconocido por él mismo. Pil en un primer momento quería invitarlo a que participe de este libro pero finalmente decidió que no.
Con Leon Gieco pasó al revés, con el tiempo se dio cuenta que tenían muchas más cosas en común de las que sospechaba por eso lo invita a regrabar Non Santo, la canción contra los pesticidas y agrotóxicos.
De grande, creo que se dio cuenta que los enemigos estaban en otro lado y no dentro de la escena rock.
Mientras el libro comenzaba a tomar forma, sucedió lo menos pensado: Un 13 de agosto de 2021, Enrique Pil Chalar falleció en Perú a los 62 años. La noticia sacudió al mundo del punk en Argentina y Latinoamérica; y puso en duda la edición de Represión, el punk antes del punk.
Para Juan, asimilar su ausencia no fue fácil y varias veces en las que se obligó a retomar la escritura, la figura y el recuerdo de Pil lo paralizaban. Otra vez, el tiempo iba a darle espacio a su obra y figura.

¿De qué manera encaraste lo que faltaba del libro tras la muerte de Pil? ¿En algún momento pensaste que el libro no iba a editarse?
La tarea de Pil ya estaba terminada. De hecho, él falleció un viernes y el jueves le había enviado un mensaje contándole que el fin de semana iba a enviarle los primeros cuatro capítulos.
Lo más terrible y doloroso es que yo me enteré de la muerte de Pil escribiendo el libro. Estaba en la computadora acomodando esos primeros capítulos y mientras escribía me llegó un mensaje por facebook de un alumno de la facultad diciendo “lamento mucho lo de Pil”. Me quedé en silencio un buen rato, estupefacto.
Durante los primeros días me costó asimilar su muerte, que no esté más. Cuando muere alguien cuesta entender que es algo definitivo y a veces uno piensa que va a volver.
Cuando caí de lo que había pasado fue devastador porque fue en un momento de mucho contacto con Pil, de mucho cariño, de esperar que él pudiera venir a la Argentina.
Después de eso pensé en dejar el proyecto porque perdía toda la gracia: uno de sus autores no estaba, no íbamos a poder viajar juntos. Era un libro más de él que mío porque él lo contaba como protagonista. Pil tenía la dirección del contenido y yo me encargaba de la parte narrativa, de cómo contar eso.
Claudia, la compañera de Pil Chalar, y Mariano Asch, su último mánager, convencieron a Juan de publicarlo ya que sería una picardía no hacer algo que el propio Pil quería.
“Me sostuve en ellos y me pareció que lo más sano era editarlo por mi cuenta después de haber tenido charlas con editoriales chicas y grandes donde siempre hubo un problema y todas prometieron cosas que nunca se cumplían. Viendo la desprolijidad de gente que uno supone que es idónea en el tema preferí hacerlo yo”.

El libro termina con la frase “Que cada cual me recuerde como prefiera: yo responderé por todos los que fui”. ¿De qué manera lo recordas y cómo te gustaría que lo recuerden?
Lo recuerdo como un tipo que no pasó inadvertido y que nos cambió la vida a muchos para bien. Que nos abrió puertas en la mente. Ante todo, Pil era un divulgador del conocimiento que el adquiría. Toda su obra está marcada por influencias que él las hace públicas. Su letra más emblemática es Represión que es una aguafuerte de lo que pasaba en esa Buenos Aires de la dictadura; y digo aguafuerte porque él era lector de Roberto Arlt. Pero también Más Allá del Bien y del Mal, una mezcla de Nietzsche con la película El Séptimo Sello de Ingmar Bergman. Y él cada vez que le preguntaban lo explicaba.
Julio Verne aparece en la canción “La Caída de la Luna”, “Carne, Tierras y Sangre”, de su último disco, está inspirado en la lectura de Operación Masacre, un libro que descubrió en casa y lo impactó.
Lo que más me acercó a él fue que todo el conocimiento que tenía lo compartía. Estaba permanentemente haciendo notas al pie y eso te dejaba la cabeza hirviendo con ganas de ver las películas, los libros y las bandas que recomendaba.
“HAY PERSONAS QUE CADA TANTO NOS VIENEN A VISITAR”
La frase corresponde a Beto Zamarbide, ex integrante de V8, quien la compartió durante la presentación del libro en Strummer Bar, en diciembre pasado, junto a Juan y Sergio Gramática, baterista de Violadores. Para Provéndola, esas palabras resumen el recuerdo vivo de alguien que se fue pero que también siempre está llegando.
“Siento que me viene a visitar cuando de repente me encuentro con un libro de Julio Verne o cuando aparece una película de Pasolini o de Luis Buñuel, o una canción de los Waterboys. Y sobre todo cuando veo que el tiempo le dio la razón en un montón de posicionamientos y enunciados políticos. Lo político entendido como la acción que tiene el ser humano de relacionarse con su entorno, de cómo uno se posiciona frente a lo que sucede. Pil siempre lo hizo desde una dignidad intelectual, más allá de equivocarse o no. Como dijo Beto, vuelve a visitarme a través de lo más perenne que es su influencia y su obra”.

*Foto de portada: UBA Sociales.
