Hace tiempo ya, que intento errante reflexionar acerca de las contradicciones y tensiones que existen en el Punk y la Contracultura. Es complejo, en primer lugar, identificar estas contradicciones. En segundo término, analizar el origen de los hechos que constituyen estas tensiones. En tercer lugar, creo que pensar desde la opinión reduccionista un elemento de tanta riqueza rebelde y pedagógica, como lo es el punk, sería desvalorizar un fenómeno que a mi criterio representa una narrativa de alto valor para reflexionar sobre los tiempos que vivimos y la cual requeriría describir en profundidad aspectos filosóficos, psicológicos, ideológicos, históricos, musicales, estéticos, estilísticos, sociológicos, etc.
La cultura del malestar
Comprender la forma de actuar de los individuos en las sociedades posmodernas capitalistas es un desafío, una tarea en extremo relativa y altamente compleja, por eso mismo, considero de vital importancia la apoyatura del sustento teórico. Sigmund Freud, en su obra “El malestar en la cultura” (1930), explica que el sentimiento de culpa es el problema más importante del desarrollo cultural. Éste se encuentra guiado por lo que denomina “Pulsión de destrucción”, entendiendo dicha pulsión como una energía psíquica, una fuerza intrasomática, de alta carga agresiva y de origen primitivo. En otra obra titulada “Mas allá del principio del placer” (1920), la pulsión agresiva se identifica ligada al concepto “Pulsión de Muerte”. Hace tiempo me pregunto ¿Cuánto de pulsión de muerte hay en el punk?
Regresando por un momento al libro “El malestar en la cultura” (1930), resulta relevante re-pensar su temática central: “el irremediable antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura”.
El punk, desde que es punk, se pelea con estas restricciones impuestas por la cultura, sean estas éticas, morales o estéticas ¿Son las mismas restricciones culturales las que sufrieron los jóvenes en Londres en los´70 que los jóvenes en Argentina en los´90? Y por otro lado ¿Cuáles son las restricciones que la cultura le impone a los punks hoy?
Considero que la principal imposición cultural transmitida a toda la sociedad través de todos sus medios e instituciones es la narrativa de la derrota. Es que, nos quieren convencer que la única manera de afrontar la existencia es en la soledad, en la tristeza, en el paradójico aislamiento de la hiperconectividad. Existencia que duele, por el reclamo proveniente de la imposición del mandato de la autoexigencia y la teoría del emprendedurismo. Existencia que duerme en la culpa del poco rendimiento, que sueña con el temor de la exclusión. Que se aliena en el paradigma de la inmediatez superflua. Sin embargo, vine a invitarlos a crear, como lo haré a continuación: la existencia, que pesa, es dinámica, es siempre con otros, por y a través de otros.
Nosotros y ellos, son elementos indisolublemente unidos. No como una relación causa-efecto, sino como un bucle circular donde se determinan mutuamente. El factor caos, muy propio del punk, es la clave para liberarse del automatismo que impone una vida gris, virtual, despersonalizada e inhumana. Nos quieren hacer creer que todo está perdido, que nada nunca va a cambiar. Esto es lo que se llama la imposición del determinismo. Frente a esta condena, el ‘no future’ del Punk contesta que el azar del presente es el momento para la construcción de mejores horizontes.
Freud dice que la vida, como nos es impuesta, nos trae graves dolores, desengaños y tristezas. Para poder soportar todo esto, precisamos formas de paliar nuestra miseria. A continuación, realiza un interesante análisis sobre la manera en que las religiones son una vía posible de expiar culpas y desligar responsabilidades. Y se pregunta ¿Cuál es el propósito de la vida de los seres humanos?, contestándose: lo que buscan, es la felicidad, conseguirla y mantenerla. Y esta felicidad, que se manifiesta en forma de placer, parece conducida hoy día por la lógica del consumo y el hedonismo. El punk sabe romper con este esquema religioso de pagar el placer con culpa, pero le cuesta desligarse del hedonismo del reviente.
Ahora bien, imposible suponer que, en un modelo de exclusión y desigualdad, donde el capital acapara la construcción de sentido, sea posible una sociedad plural, diversa, próspera y equitativa. Principalmente porque algunos de los ejes sobre los que se sostiene el sistema capitalista es la desigualdad, la violencia, la explotación, la manipulación de las personas y las formas vinculares. Miserias cotidianas a la vista de todos, cuerpos desorientados gritan urgencias y como sombras que son, nadie presta atención.
Por eso, debemos reabordar nuestras fuentes de creatividad, nuestras posibilidades de imaginar y junto con ellas, la capacidad de pensar. En cada uno de nosotros vive nuestro pasado, por eso la memoria será otra manera de entrenar el pensamiento. Existe una paradoja que el punk no deja por fuera: somos siempre los mismos y somos siempre distintos. Después de reflexionar este texto, nadie saldrá igual que cuando comenzó a leerlo. Y eso es lo que nos hace humanos. Es decir, nuestra capacidad de transformar(nos). Esto es a lo que nunca debemos renunciar, a la posibilidad del cambio.
Anteriormente mencioné que el punk tendría aspectos pedagógicos, considero que estos podrían guiarnos a la ruptura con la obligación de reproducir el discurso hegemónico que se impone mayoritariamente en amplios espectros de la contracultura como narrativa, como una ley, llamada derrota.
