Podría parecer sorpresivo que personajes ligados al punk se transformen en representantes de las ideas de los partidos de derecha, ya sean militantes de “las fuerzas del cielo” o funcionarios del señor de “los ojos de cielo” (nótese el alto contenido religioso-protestante que subyace la construcción de la épica de la derecha), ya sean fanáticos de discursos belicistas, racistas escondidos bajo posturas de mente abierta, o antifeministas recalcitrantes que pretenden denominarse aliades. Muchas son las malas hierbas que crecen en el fértil terreno del sistema capitalista, y no sorprende que así sea.
Por esto mismo, lejos de encandilarme tal falsedad, me parece que se ajusta a la constitución de las subjetividades en nuestra época (pueden leer más al respecto en otros escritos como “La digitalidad como nueva institución en la contracultura”). Subjetividades que se estructuran bajo la carencia afectiva, la desconexión humana, la artificialidad de objetivos, la fragmentación social y el triste enceguecimiento de la ambición de poder. ¿Qué desarrollo podría tener el punk en un contexto así?
Hoy por la mañana mis ojos sangraron tristeza cuando ví el flyer del show en Argentina de Bad Religion. El encantamiento es tan fagocitado en nuestra época que es algo perdido para mí. Debo admitir que no me fascina la banda oriunda de Los Ángeles pero respeto mucho su historia dentro de la cultura punk, y entre sus hechos destaco El Manifiesto Punk de su cantante Greg Graffin, el libro donde realiza una analogía entre la biología y el punk, pensando cómo el sistema de histocompatibilidad es nuestro carnet de identidad genético que nos hace únicos, singulares e imposibles de homogeneizar. No hay dudas y es un hecho que Graffin brindó, con su conocimiento, una forma de sustancia en la contracultura.
Pero, volviendo al show confirmado para el 22 de abril, en el mismo flyer pero más chiquito y más abajo, leí Eterna Inocencia y Shaila. Pero cómo… ¿En serio, Shaila?
Podría quedarme con el argumento de las bandas históricas y activas y con eso ya me sobraría tela pero el hilo se corta más rápido cuando la palabra punk aparece cada vez más vaciada de sentido y más desideologizada.
Es evidente que hay personas que son muy hábiles para acomodar su ambición de poder. Alguna vez escuché que en la ignorancia se vive mas feliz, sin embargo, como dice Evaristo Páramos, “la miseria es ignorancia y la ignorancia es esclavitud”, y no nací para ser esclavo (vos tampoco). Entonces, cuando vi el flyer pensé: a esta esclavitud se la combate desasnando. Recordando también palabras del propio Graffin: “El mayor problema del mundo es la ignorancia”.
Billetera mata convicción. El punk ligado al consumo masivo despierta estas incoherencias, donde un músico que también fue funcionario y defendió el modelo de la derecha en Argentina como lo fue el cantante de Shaila, Joaquín Guillén, comparte un mismo escenario con supuestas figuras que marcan los estándares de la contracultura punk.

Para lxs olvidadizos, Guillén trabajó en Anses mientras Diego Bossio era el titular, durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, al asumir Macri la presidencia en diciembre de 2015, el vocalista y letrista que citó a Bakunin y Marx ocupó primero el cargo de Director de Desarrollo Territorial y luego el de Director Nacional Red Interior.
A partir de una nota publicada por el periodista Matías Melta en Prensa Obrera y la viralización de la misma, aparecieron denuncias que involucraron despidos y personas puestas a dedo. “Gorilas y el circo, cuatro tristes tigres y un trigal negocian miseria al sur con el populismo clientelar” cantaba Guillén en “Unitarios y Federales”.
Lo que pocos preguntaron es hasta donde llega la convivencia entre ideas, letras y hechos.

¿Cómo conviven ideas tan opuestas como la crítica al capitalismo y el apoyo a la emancipación de los pueblos, habiendo sido parte de uno de los peores gobiernos neoliberales en Argentina, con políticas de hambre, represión, anti derechos, y responsable del regreso del FMI al país? ¿Es la escena punk tan abierta que todo vale? ¿Por qué en estos momentos no aparecen las tensiones?
Es tristemente evidente que la simple grilla de un evento nos permite ver cómo se maneja el negocio de la música, donde la única ideología es el dinero. Si hasta ahora nadie dice nada, parece indudable que no hay una imposibilidad ética ni para la organización ni para el resto de los que participarán de dicho evento ni para la gente que compra una entrada hacer al menos un segundo de reflexión, lo cual desnuda el halo de hipocresía que esconde el discurso “bien” de letras “correctas” para que circulen como mensaje vacío en la cultura punk.
