Libro la historia del rap en Cordoba
Entrevista a Martín Biaggini sobre su libro "La Historia del Rap en Córdoba".

El reconocido historiador argentino, Martín Biaggini, publicó recientemente Historia del rap en Córdoba, un libro de divulgación donde explora los orígenes históricos del rap en la capital cordobesa. Lo entrevistamos para conocer más detalles sobre su trabajo.

“El hip hop me cambió la vida. Pude salir de los peligros del barrio, muchos amigos de la infancia fueron presos, a otros los mató la policía, otros cayeron en el alcohol y las drogas, y el hip hop fue un cable a tierra para salir de las malas juntos”. Con estas palabras, cargadas de sinceridad y crudeza, comienza el libro de Martín Biaggini sobre los orígenes del hip hop en la ciudad de Córdoba. La cita es del Negro Chetto, un bboy de la segunda camada de breakers y uno de los primeros raperos locales. Su testimonio es elocuente: el sentido de pertenencia que provoca la práctica colectiva de una expresión artística salva vidas. Como las vidas que salvó la campaña antidrogas de Tomy Boy y otros breakers para intentar demostrar lo alejados que estaban de lo que ellos denominaban “lo marginal y delictivo”.

El hip hop llegó a los cordobeses, como a muchos otros adolescentes del país, a través de los medios de comunicación. El disco Thriller de Michael Jackson y la peli Breakdance, de 1984, fueron influencias indiscutibles para estos chicos y chicas que se reunían a bailar en la Peatonal y en la esquina de calle 9 de Julio y Rivera Indarte, en la Galería del Sol. Con pantalones náuticos, remera y vincha, bailaban por un par de propinas y, más tarde, coparon los boliches de la ciudad. Llegaron, incluso, a bailar en la tele, en el mítico programa infantil de la TV cordobesa, “Pan y Manteca”, que se emitía por Canal 12.

Los Duques del Ritmo, crew de breakers. Foto: Martín Break.

Un día, Walter Warner, uno de los integrantes que tenía conocimientos en música y estaba más o menos equipado, se puso a producir beats para sus compañeros. Y de ahí salieron unos cuantos MC, como el Negro Chetto de la Rap Corporation o Melany, pionera MC que tenía apenas 11 años cuando se acercó a las primeras fiestas de la Cultura.

Como ocurrió también en otras ciudades del país, al principio el hip hop no tenía su propia escena, sino que compartía el espacio de la música under con otras movidas alternativas, como el punk y el hardcore. Los barrios de Alta Córdoba (barrio universitario) y el ex Abasto (zona costanera) congregaban a los jóvenes de la ciudad que no se sentían representados por la moda imperante. También estaban en las tiendas de discos, en los locales de tatuajes y en los lugares de skate. El contexto social y económico, marcado por el neoliberalismo, era sin dudas desfavorable; pero a la vez, propicio para el surgimiento de nuevos espacios contraculturales. 

Video del tema “Piazzotes” de Locotes, banda pionera del hip hop cordobés.

Es habitual que en tus libros dejes una nota aclaratoria acerca del carácter parcial de tu historización, ¿por qué motivo lo hacés?

En los libros que están pensados para un público general hago esa aclaración porque creo que es necesario explicar que no se entrevista a todo el mundo, sino que se saca una muestra representativa -algo que quizás el público académico ya entiende, que siempre hay un recorte espacio-temporal del objeto de estudio. La idea es que quede claro que es una visión parcial de la historia que puede continuar o reescribirse. Sería relevante, como digo en el libro, que ese trabajo pueda ser realizado por la misma escena cordobesa.

¿Cómo conectás este libro sobre el rap en Córdoba con tus investigaciones previas sobre la historia del hip hop en Argentina?

Llegué a Córdoba por dos motivos. Primero, porque cuando en 1997 se hizo Nación Hip Hop, el disco producido por Alejandro Almada, que tenía pretensiones federales, noté que reunía a representantes de Rosario, Mendoza y Buenos Aires, pero ninguno de Córdoba. Esa ausencia me llamó mucho la atención. Segundo, porque  investigando la movida de los 90 en Buenos Aires me enteré de las fiestas Conexión Hip Hop en Casa Babylon, que yo creo que sí tuvieron carácter federal y nuclearon a toda una escena nacional. De ahí surge mi interés en Córdoba y todo el trabajo de investigación que empecé en la pandemia, con entrevistas virtuales primero y presenciales después, en los cuatro viajes que hice a Córdoba para buscar material de archivo.

¿Qué particularidades tiene la historia oral y por qué es útil en este tema que investigás?

La historia oral es una técnica de la investigación histórica que recupera a los actores sociales que quedan relegados. En este tipo de producción artística popular, me refiero al hip hop, no hay documentos escritos y, a pesar de que puede realizarse una búsqueda hemerográfica, creo que lo popular no se puede investigar desde los documentos, porque justamente lo popular está en contra de lo hegemónico y del canon, y los que producen documentos son justamente los que representan el poder. En ese sentido, creo que no se puede hacer historia popular si no se emplea la metodología de la historia oral. Bien hecha, triangulando con otras fuentes como acostumbro hacer, creo que la historia oral permite reconstruir un proceso histórico que de otra manera sería imposible recuperar. 

En el libro distinguís tres experiencias diferentes que dieron origen al hip hop en Córdoba y argumentás que la relacionada con el under local (hardcore, punk) es la que logró consolidar la escena, ¿por qué te parece que ocurrió esto?

Reconozco tres experiencias porque utilizo el mismo modelo que apliqué en Buenos Aires, donde encontré cuatro experiencias y ahora una quinta. Lo hago, fundamentalmente, para explicar que no es un proceso lineal. En cuanto al rap under, el problema es que no había escena. Si tomamos estrictamente la categoría de “escena musical”, no había escena: no había público, no había lugares para tocar, no había críticos ni periodistas, entonces las primeras experiencias de rap under, tanto en Buenos Aires como en Córdoba y en otros centros urbanos como Rosario, tuvieron que compartir espacios con otras escenas, no les quedó otra. En Buenos Aires pasó algo similar. En el 91, Chabán organizó la gran fiesta de rap en Die Schule, con las tres bandas que en ese momento hacían rap en Buenos Aires -Club Nocturno, los Adolfos y Presa del Odio- y no fue nadie. No había una escena conformada, entonces las primeras experiencias tuvieron que compartir necesariamente espacios con otras subescenas emergentes. 

En Córdoba, las fiestas Conexión Hip Hop se organizaron en el Abasto, que era la zona más periférica de Córdoba. Primero, porque el Intendente no dejaba hacer shows en vivo en el centro y, segundo, porque ahí se nucleaba desde el boliche gay, donde iban todos a escuchar música electrónica, hasta las rockerías y la música reggae. Todo lo periférico se daba en esa zona, entonces el rap nace compartiendo espacio con otras bandas que quizás no tenían nada que ver musicalmente, pero tenían eso en común.

Lo que logró consolidar la escena en Córdoba fueron las fiestas Conexión Hip Hop, porque nuclearon a un público que estaba disperso. Locotes tenía un público más estable; la Doble H, que era la gente que se había separado de Locotes, tenían fiestas más barriales, pero tenían su público. Después estaban el Negro Chetto, Nivel 7, Melany, todos los que venían del breakdance, que también tenían su público, los 22 Killas, que venían del sur y hacían un rap más marginal. En las fiestas Conexión Hip Hop se juntaron todos, incluso los grafiteros. Estas fiestas, que fueron muchas y duraron años, sumaron a Buenos Aires, Mendoza, Chaco, el NOA, y lograron juntar y consolidar una escena.

Martín Biaggini y Mel Melany en la presentación del libro en Córdoba.

¿Qué continuidades/ discontinuidades o similitudes/diferencias encontrás entre esta escena cordobesa y otras que se dieron en el país?

Se dan procesos similares. En el 84, con Michael Jackson y la película Breakdance arrancó el baile. Acá también hay algunas diferencias, en Córdoba muchos venían de bailar música disco, pero en Buenos Aires venían de las artes marciales o del deporte y vieron en el breakdance una continuidad -de hecho hoy es deporte olímpico. En Córdoba, la mayoría siguió bailando solamente mientras que, en Buenos Aires, al terminar la década del 80, los que venían del breakdance ya estaban experimentando otros elementos del hip hop: Jazzy Mel, Frost, Mike Dee, ya eran MC y grafiteros; Dj Black, Tito Caro, DJ Bart, y el mismo Mike Dee eran DJ. En Córdoba, solo Melany y Walter Warner se dedicaron a rapear también. Los demás, el núcleo duro de bailarines, siguieron bailando. El rap surgió de otras escenas alternativas que después se volvieron a juntar, en el 2001, con las fiestas en Casa Babylon.

Y después hay muchas similitudes: como todo rap, el rap cordobés es muy heterogéneo. El Loco Frankachela, por ejemplo, logró hacer cuarteto rap con el hijo de la Mona Jiménez. Acá, en Buenos Aires, se dio algo parecido, la mezcla del rap con la cumbia a finales de la década del 90, con Bajo Palabra y el tema “La comisaría” y toda su continuidad hasta el RKT de este momento.

Si te quedaste con ganas de leer el libro completo, te dejamos el enlace al archivo descargable. En el perfil de Academia.edu se puede leer la biografía del autor y consultar otros textos referidos a la misma temática.

1 comentario en «Del breakdance callejero a las fiestas Conexión Hip Hop: la historia “no definitiva” del rap en Córdoba»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *