Cuando la Inteligencia Artificial parece resolverlo todo, reivindicar el trabajo creativo y la publicación de libros que registren la historia de bandas nacionales es toda una declaración de principios.
En diálogo con Revista Paratextos, Gerardo Barberán Aquino cuenta cómo fue que llegó a publicar su libro sobre Attaque 77.

“El narrador toma lo que narra de la experiencia; de la suya propia o la referida. Y la convierte a su vez en experiencias de aquellos que escuchan su historia”, reflexionaba Walter Benjamin en “El narrador”, un texto clásico de los estudios literarios. Contar historias es una forma artesanal de comunicación, donde lo importante no es informar sino lograr que el lector, el oyente o el espectador quede atrapado por el relato, al que también queda adherida la huella del narrador: “como las del alfarero a la superficie de su vasija de barro”.
Gerardo Barberán Aquino siempre tuvo en claro que su oficio era el de narrador. En Corrientes, provincia donde nació, no tenía muchas posibilidades de estudiar, por lo que al finalizar el secundario decidió mudarse a Buenos Aires. En la carrera que eligió cursar, Producción de Radio, descubrió el oficio de guionista y, en particular, sintió una gran atracción por la escritura. La suerte estuvo de su lado y rápidamente consiguió empleo en la televisión.
Uno de sus primeros trabajos fue en “Zapping Zone”, de Disney Channel, un programa que se emitía de lunes a viernes durante todo el año, sin pausas ni repeticiones. Llegó a escribir más de 2.000 episodios, una tarea que le dio oficio y lo convirtió en todo un artesano de la escritura. “Ese ritmo me dio un entrenamiento enorme: escribir rápido, tener ideas listas y entregarlas sin errores. Fue una escuela muy valiosa, me entrenó la cabeza y la mano. A partir de ahí, supe que la escritura iba a ser parte de mi vida profesional siempre”, cuenta Gerardo en diálogo con Revista Paratextos.
Hace más de veinte años que se dedica a producir contenidos audiovisuales pero también a la redacción de notas sobre música para revistas, diarios y webs como La Mano, Rolling Stone, Clarín, Época y Silencio, entre otros. “Cuando sos muy fan de la música, no te alcanza con escucharla: necesitás contarle a alguien por qué ese disco o ese artista es importante. Si te pasa eso, está claro que tu lugar es difundir, compartir lo que te apasiona”, explica el autor de Ramones en Argentina (Gourmet Musical, 2018).
Ese primer libro, en particular, le llevó bastante tiempo y sucesivas revisiones hasta llegar a ser “un texto sólido” que pudiese ser publicado. Lo que más le interesó a Leandro Donoso, editor de Gourmet Musical, fue que abría una línea de investigación sobre artistas internacionales vinculados con el país. La otra línea, la que investiga artistas nacionales, es la que caracteriza su segundo libro, El motor de Attaque 77 (Gourmet Musical, 2025).

“Me parecía increíble que una banda con casi cuarenta años de historia no tuviera registro. Pensé que alguien debía hacerlo, y si nadie lo hacía, lo haría yo”, explica el escritor y agrega que “el libro es un punto de partida para que otros puedan después producir nuevos enfoques, como libros sobre las giras, los discos o las distintas etapas”.
El proyecto surgió de una revista que Gerardo escribió para celebrar los 30 años de Attaque 77. Para la ocasión, entrevistó a todos los integrantes de la banda, incluso a los exmiembros, y cuando terminó la charla con Ciro entendió que había material para un libro. Durante la pandemia, aprovechó para desgrabar todas las entrevistas y completar lo que faltaba con nuevos encuentros virtuales.
Pero además de los testimonios directos que obtuvo de los entrevistados, también utilizó material de archivo con información contextual y declaraciones pasadas. Según él, era importante mostrar cómo pensaban los músicos en su momento y contrastarlo con su visión de esos hechos hoy. “Muchas veces, al mirar hacia atrás, la percepción cambia: algunas cosas pierden dramatismo y otras lo ganan. Esa mezcla le da al relato más textura y realismo”, sostiene.
El motor de Attaque 77 es la historia de “un grupo de amigos llevados a situaciones límites” que deben tomar decisiones y resolver conflictos a medida que crecen en edad y en popularidad, gracias a la banda de rock que comparten. Es una “historia sobre crecer en público; sobre cómo la amistad permite cerrar filas y hacerle frente a lo inesperado, pero también sobre los silencios y concesiones que se hacen para mantener ese vínculo tan estrecho, aún en perjuicio propio”, anticipa en la introducción.
Punk urgente y social
Hablar de Attaque 77 es hablar de una escena. Junto con otras bandas como Los Violadores, Todos Tus Muertos o Mal Momento, compartían no solo el estilo punk sino también el mensaje y la forma autogestiva de organizarse. Se nutrían intercambiando discos, leyendo revistas musicales de la época, como la Pelo, y del aprendizaje autodidacta de instrumentos musicales.
Todo esto atravesado por algunas desgracias familiares, abandono escolar y la necesidad de salir a trabajar para contribuir con la economía familiar. “Tanto Ciro como Mariano eran dos marginales y el mundo no estaba hecho a su medida. El punk, por tanto, les venía como anillo al dedo”, se lee en el libro. Esa sensación de no encajar, puede que los haya llevado por un camino no habitual, quizás equivocado, pero allí, en esa incipiente comunidad punk de los 80 en Argentina, encontraron un espacio donde compartir historias, letras y acordes que se sentían liberadores.
Las letras, en particular, narran experiencias de personajes proletarios que atraviesan todos los días la ciudad para ir a trabajar y se sienten explotados por sus jefes o por los políticos de turno. Otras canciones hablan del amor, el romance, de pasiones como el fútbol y de vivir al borde de la ley.
Los primeros recitales eran muchas veces caóticos, terminaban mal, no solo porque llegaba la policía sino porque había peleas entre los skinhead y los que tenían una ideología contraria, por diferencias entre el público. “Eso formaba parte del clima del momento. No era una escena cómoda ni segura: había riesgo, descontrol, pero también una energía enorme”, explica Gerardo en la entrevista. Pero fue en ese contexto, con el underground en plena ebullición, cuando el germen de Attaque 77 empezó a crecer.
No me subas tan arriba si me querés alcanzar
Desde que aparecieron en Invasión 88, primer compilado punk argentino realizado por los fundadores del sello Radio Trípoli, Walter Kolm y Chuchu Fasanelli, hasta el mega hit “Hacelo por mí”, Attaque 77 tuvo un crecimiento impresionante. “La vida era roja”, cuenta Ciro Pertusi sobre aquellos días en los que todavía se repartían entre el trabajo y la música, cada vez con más seguidores y propuestas. Entre 1991 y 1992, no eran más que pibes de barrio que empezaban a salir en programas de TV, en pósters de revistas y en la radio. La mayoría estaba en la veintena, tenían ideales románticos, un look muy ramonero y eran punks revivalistas del 77.
Sin embargo, para esa época ya habían conseguido embarcarse en varios proyectos discográficos a la vez y concretar una gira de ciento ochenta shows que no les dejaba margen para ocuparse de nada más que de la banda. Tenían, además, un grupo de seguidores y seguidoras muy grande y aunque algunos los tildaran de “vendidos”, por haber abandonado el under para firmar contrato con un sello grande, sus canciones y sus shows eran para todo el mundo: “Para los ricos y los pobres, para los de siempre y los de ahora, para los excarcelados y los noctámbulos”.
¿Cómo hicieron estos chicos para resistir el paso del tiempo? Para Gerardo, la clave está en la capacidad que tuvo la banda de reciclar su propia producción. Con la metáfora del “compost”, explica el mecanismo: las viejas canciones, las de la etapa formativa, reaparecen en varios discos posteriores, en un proceso natural donde los residuos se transforman en tierra fértil.
El mayor legado de Attaque 77 fue mostrar que una banda punk podía tener futuro. Antes que ellos, pocas bandas imaginaban poder vivir de la música durante décadas, pero demostraron que podían profesionalizarse y sostenerse sin perder identidad. Abrieron, además, el camino para que otros grupos se animaran a pensar en grande. También dejaron canciones que retratan su tiempo: desde la mirada obrera y barrial de los primeros discos hasta la reflexión más adulta de los últimos. Lo destacable es que mantuvieron siempre el compromiso con lo que estaba pasando y a su manera, con canciones, supieron decir algo sobre esa realidad.
