Canciones: “Tiempo de Valientes”, “Mi guitarra tiene un problema”, “Pasiones tristes”, “El coyote dub”, “Diablo negro”, “Traje sucio Boogie”, “Asustemos a Jessica hasta la muerte”, “Gato polka”, “El que vuelve sobre sus pasos”, “Sabe donde pisar”, “Winchester Martin”, “Pájaro viejo”, “Luz mala”.
Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. El muerto se ríe del degollado, segundo LP de Gitanos, es uno de ellos. Trece canciones y cincuenta minutos que avanzan como una ruta sin señalización, donde el tiempo se espesa y el paisaje se vuelve árido. Basta darle play a “Tiempo de valientes” para comenzar el viaje, de mantras psicodélicos, blues pesado y rock argentino deformado por la reverberación, el polvo y la repetición.
El álbum no persigue la prolijidad sino el clima. Las guitarras respiran, los silencios pesan, los espacios se abren como desiertos. La música se construye más como hábitat que como estructura: hay sensualidad en la forma en que las capas se superponen y una corporalidad casi ritual que convierte cada tema en un estado. Gitanos no toca canciones: invoca.
En ese entramado aparecen ecos reconocibles —el blues eléctrico de Pappo, la mística ricotera, cierta ironía heredada de Babasónicos—, pero no como cita ni homenaje, sino como restos, sedimentos de una tradición filtrados por una sensibilidad joven y contemporánea. El resultado no es nostalgia, sino relectura: un lenguaje propio que evita la imitación y apuesta por la transformación.
Originarios de Bernal, Gitanos está integrado por Matías Vergnano (guitarra y voz), Manuel Maero (batería y voz), Gonzalo Bravo (bajo), Micaela Fritzler (coros y percusión) y Ana de Vargas (sintetizadores y coros). Desde su formación en 2019, el grupo se reúne en una suerte de comunión sonora para reivindicar lo añejo y devolverle centralidad a aquello que el presente suele descartar. Su espectro musical recorre lo más sucio del stoner rock, la aspereza del blues pesado, la dimensión espiritual de la psicodelia y el pulso espectral del dub.
El disco se potencia además a partir de una red de colaboraciones que no responde al gesto ornamental, sino a una afinidad estética y generacional. El muerto se ríe del degollado cuenta con la participación de referentes como Joan Manuel Pardo (Camionero), Sergio Chotsourian (Los Natas), el escritor Juan Diego Incardona, la banda Gualicho Turbio y Ernesto Godoy, figuras que amplían el universo del álbum y lo inscriben en una tradición subterránea del rock argentino. Estas presencias no irrumpen como protagonistas aislados, sino como capas que refuerzan el carácter colectivo, ritual y federal del proyecto, tendiendo puentes entre generaciones, escenas y lenguajes.
La producción del disco refuerza esa toma de posición. Lejos del brillo digital y la lógica del recorte, El muerto se ríe del degollado apuesta por la duración, el desarrollo y la densidad. Las bases rítmicas privilegian el pulso antes que la velocidad; las guitarras cargadas de fuzz y delay expanden el campo sonoro; los coros y sintetizadores aparecen como capas atmosféricas antes que como ornamento. Cada imperfección funciona como marca identitaria.
Hay en este disco una dimensión territorial que lo vuelve profundamente federal. No se trata de una geografía mítica importada, sino de una experiencia local: rutas bonaerenses, periferias, márgenes. El blues que propone Gitanos no tiene patria fija; es bastardo, sin origen puro, nacido de una orgía sonora tan consciente como visceral. Un sonido nuevo en su crudeza, pero también viejo, gastado, erosionado por el tiempo. Auténtico.
En un presente musical dominado por la inmediatez y la limpieza, Gitanos elige incomodar. El muerto se ríe del degollado no busca hits ni concesiones: exige una escucha atenta, casi física. Es agresión sin apuro, cabalgata constante, paisaje agreste y oscuro. Un disco que no ofrece refugio ni pide permiso, pero que, a cambio, abre un territorio propio para quien se anime a perderse en él.
Mis tres temas preferidos del disco son:
“Tiempo de valientes” primer tema del disco el que funciona como puerta de entrada y manifiesto. Un mantra lento, hipnótico, la repetición no adormece sino que tensa. Gitanos demuestra que no se trata de velocidad, sino de insistencia.
“El muerto se ríe del degollado” tema que le da nombre al disco y que expone el corazón oscuro condensado por su lógica: un blues deformado, sucio y espectral. Con un clima algo cruel y burlón, genera una atmósfera densa que remite al doom y al stoner pero sin perder su base blusera.
“El coyote Dub” es sumamente dub, atmosférico y el más viajero de todos los temas del disco; invita a descansar y viajar, a dejarse llevar; pulsos elásticos donde los arreglos ganan espacio y el dub aparece como una sombra que expande al sonido. Un tema que respira y deja que el oyente se pierda.
Una vez más, Argentina muestra que tiene potencial, que la música corre por nuestras rutas y venas. Gitanos es una banda que elige el riesgo antes que la comodidad. En tiempos de consumo veloz y fórmulas previsibles, apuestan por la densidad, el clima y la escucha atenta en un disco áspero, territorial y honesto.
