Natural Rap y Purple House fueron bandas pioneras del hip hop rosarino en los 90. Surgieron en la segunda mitad de la década y compartieron fechas y escenarios constituyendo, junto a otras agrupaciones locales, la incipiente escena del rap en la Chicago argentina.
El día que los A.M.C. dieron su primer concierto en la Plaza Libertad, cuatro chicos de 14 y 15 años los escucharon con extrema atención, tratando de descifrar cómo hacer sus propias bases y rimas. Chorche, Don Q, Monigga y Mayer —más tarde Natural Rap— eran del Abasto, un barrio céntrico de Rosario y, en esa plaza, a pocas cuadras de avenida Pellegrini, se reunían con una grabadora para practicar los movimientos del hip house al ritmo de Technotronic, MC Hammer y Jazzy Mel. Cada tanto cruzaban la calle para jugar a los fichines en el local de la mamá de Don Q, “Jackpot”. De noche, el sótano del lugar se transformaba en un pequeño refugio del under punk.
En la otra punta de la ciudad, en Empalme Graneros, más tarde rebautizado como “Empalme City”, Pabliko esperaba el final de Feliz Domingo para quedarse hipnotizado frente a la tele cuando llegaba el bloque de rap. Su mamá lo acercó a la música a través del funk y de las canciones de Michael Jackson que sonaban en su casa. Desde muy chico sintió una fascinación por la cultura negra que, según él, “tiene un poco en la sangre”. Pero al principio lo suyo no fue rapear. Andaba en rollers con otros pibes y pasaba buena parte del día “por ahí”, recorriendo las calles de ese rincón de la ciudad que él describe como periférico y vulnerable. Junto a su vecino y mejor amigo de la infancia, Pablillo (Pablo Ferrer), soñaba con hacer música. Veían películas e imaginaban un proyecto en común sin saber realmente por dónde empezar: “no había información, no había redes sociales, no había celulares”.
En los 90, el rap rosarino era, ante todo, una forma de contar lo que pasaba en el barrio. “Cuando empezamos nosotros, el hip hop era protesta”, recuerdan Chorche, Don Q y Mayer de Natural Rap. De noche, la calle era peligrosa para las juventudes y las razzias policiales eran una amenaza constante. Chorche recuerda que pasaban noches enteras en la Plaza Libertad, por entonces una “zona roja”, y que una vez los detuvieron por jugar al metegol en la vereda. “La cana estaba re picante, venían de a tropel y le daban una paliza a cualquiera. Mi vieja se metía a veces porque les pegaban a las travestis de la plaza”. Pabliko lo resume así: “Éramos como una especie de periodismo infantil expresado a través de la rima porque denunciábamos cosas que pasaban: gente drogándose, robando, la policía pegándole. Era muy real, muy raíces del hip hop, la protesta, lo social, lo que te pasaba a vos”. Las primeras canciones hablaban de todo eso. Y cuando no denunciaban la violencia policial o la vida en el barrio, se burlaban de los chetos que no los dejaban entrar a las fiestas por cómo se vestían. “Con 16 años había mucha discriminación de todo tipo. Íbamos de noche y no te dejaban entrar por cómo te vestías”, recuerda Chorche.
Había que hacerse un lugar propio y ese lugar terminó siendo la misma escena hip hop de Rosario. Un día, paseando por la feria de Bob Marley que se hacía en el antiguo Patio de la Madera, DJ Magic, hermano de Chorche, se cruzó con Mike Dee. Este rapero, bailarín y DJ venía de Buenos Aires, de la escuela de Morón, y se había hecho famoso. Instalado en Rosario con su biblioteca de casetes y discos de vinilo, Mike Dee empezó a reclutar gente para grabar temas y terminó convirtiéndose en una especie de catalizador de toda aquella primera generación. A la mayoría los conoció a través de su trabajo en el boliche El Bajo, porque se corría la voz de que él tenía eso que todos ansiaban: el conocimiento. A partir de ese encuentro llegaron los Natural Rap, con quienes formó el grupo de baile Funky Motion. “Nosotros nos nutrimos de él, es más, él nos dijo que se llamaba hip house lo que bailábamos porque para nosotros era rap”, comenta Don Q y agrega: “ahí ya nos metimos a fondo con el hip hop”.

La primera canción, “Número 1”, nació de esa relación con Mike Dee, que los animó a escribir letras sobre las bases que él mismo les armaba con un teclado y un disquete. El primer disco, Te Rompe la Kabeza (1996), es —en palabras del propio Chorche— “re anti chetos”. El segundo (Futuro Imperfecto, 1998), en cambio, es más serio, conceptual y con claras influencias del hip hop francés. Y buena parte de esa transformación se la deben a otro personaje que se cruzó en su camino: un estudiante de intercambio que venía de Francia. “Nos hicimos muy amigos y el loco dijo: ‘yo vuelvo el año que viene y traigo música de mi país’”, recuerda Mayer. Al año siguiente, el francés volvió con una valija llena de casetes y VHS de rap. Lo que más les llamó la atención fue que los raperos franceses no usaban cadenas ni ropa ancha como los norteamericanos, sino conjuntos deportivos y una estética mucho más sobria. Don Q recuerda el impacto que le produjo ese descubrimiento: “Los franceses eran más oscuros que los americanos, y la métrica del francés también daba para eso”.
Pero el salto llegó cuando Marcelo Cabrera —bailarín histórico de breakdance en la ciudad y DJ del boliche de cumbia Subterráneo (Entre Ríos y Córdoba)— empezó a incluir sus temas en el set hasta volverlos conocidos entre el público habitué. Chorche lo recuerda así: “Nosotros tocábamos en San Martín y Córdoba, en el banco, afuera. Ahí también vendíamos casetes. Él se llevó uno, le encantó y empezó a pasarlos en el boliche”. Cuenta la leyenda urbana que algún integrante de Loca$h los escuchó ahí y que, a partir de ese momento, empezó a gestarse otra de las bandas pioneras del hip hop rosarino.
Mientras tanto, Pabliko organizaba ensayos improvisados en una rotisería abandonada de la zona que estaba totalmente pintada de púrpura (de ahí el nombre Purple House, “la casa púrpura”). A pesar de las reiteradas denuncias de los vecinos por los “ruidos molestos” que provocaba la máquina de ritmos recién comprada, y aunque ninguno sabía demasiado de música ni pretendía convertirse en un gran instrumentista, les sobraban ganas de tocar. En un boliche conocieron a una chica y la invitaron a ensayar con ellos. Ella llevó a una amiga que quería cantar y entre los cuatro compusieron las primeras letras (Pablo, Pablo, Aimará y Brenda).
Ese material inicial fue grabado en el mismo estudio que usaban los raperos de la zona oeste, Loca$h. El estudio estaba en el barrio Triángulo y estaba a cargo de “el Mono”, productor de quien se acercara a hacer algo de “ruido”. Ahí nació La casa está invadida, primer disco de Purple House, autoeditado y repartido a mano por la mamá de Pabliko, que llevaba los casetes de puerta en puerta entre los vecinos de Empalme, para que los escucharan y se hicieran una copia. “Vendía pastelitos para la escuela y repartía casetes”, recuerda Pabliko.
Estaba el rock, ¿pero el rap?
A diferencia de Buenos Aires, donde por entonces el rap ya contaba con un circuito consolidado, en Rosario la escena recién empezaba a tomar forma alrededor de las primeras fiestas hip hop y de algunos recitales. Ya no compartían escenario con las bandas de punk y hardcore —el circuito del que provenían los A.M.C.— sino entre ellos mismos. Ese pequeño núcleo estaba integrado por Natural Rap, Purple House, Loca$h, DJ ADN, Bola 8 (el proyecto de Mike Dee con DJ Magic), Mochila Factor A, Shakma y algunos cruces con otras escenas, como Potente vs. Picante y The Boys Have Penis, banda formada en la zona sur de la ciudad a comienzos de 1994.
Las fechas reunían apenas veinte o treinta personas, casi siempre las mismas que los seguían a todas partes. Pabliko lo recuerda como una gran reunión entre amigos: “Era como un ensayo con los amigos de otras bandas. Caía Loca$h con cinco o seis amigos, Natural con dos o tres más y nosotros con los nuestros. Siempre éramos las mismas treinta personas durante cinco o seis años; nos juntábamos para mostrar las cosas nuevas que cada uno iba haciendo. Era, prácticamente, una reunión familiar”. El primer show de Purple House fue en 1998, con una formación de cuatro integrantes, incluidas las dos cantantes que se sumaron por un breve período. Compartieron escenario con Natural Rap y Loca$h en la plaza 27 de Febrero, el mismo lugar donde Pabliko solía juntarse a ranchar con sus amigos. Después vendrían otros escenarios: Tony’s Bar (Sarmiento, entre San Lorenzo y Urquiza), La Tienda, Montoya, Puerto Blest, Shark (Santa Fe y Roca), Sal si Puedes, Cadillac y el Galpón Okupa.



Flyers de los primeros festivales hip hop de la ciudad. Fuente: Natural Rap.
Todos los jueves, Pabliko se tomaba un tren a Capital Federal con sus casetes bajo el brazo y los repartía en la puerta de los boliches: “Yo siempre digo que nosotros tuvimos más ganas que talento”, resume. Natural Rap también llegó a los escenarios porteños gracias al Nación Hip Hop 2 (Eh Discos!, 1999), disco producido por Alejandro Almada y grabado en la casa de Mike Dee. Aunque no tuvo el éxito que su antecesor, el Nación Hip Hop 1, ese contacto con Almada fue la puerta de entrada a la gran ciudad. Incluso llegaron a plantearse la posibilidad de mudarse a Buenos Aires para “hacer carrera”, algo que finalmente no sucedió.

“Éramos menores y no sabíamos lo que hacíamos. Estábamos entusiasmados, firmamos, nadie nos asesoró y seguimos nuestra vida”, admite Chorche. “Cuando Mike se fue, todo se complicó y nosotros agarramos para otro lado”, agrega Don Q, que se puso a estudiar por su cuenta —sin internet ni tutoriales— los programas de edición de música Fast Tracker y Fruity Loops para empezar a producir sus propias pistas.
Natural se separó en 2003. Mayer formó La Scuadra y el resto armó La Rexistencia, proyecto con el que sacaron dos discos y participaron de compilados sudamericanos. Más de veinte años después siguen siendo amigos. Fueron jurados en batallas de freestyle y, cada tanto, vuelven a compartir escenario, aunque reconocen que hoy resulta difícil coordinar entre el trabajo y la familia. Don Q, por otro lado, exploró su faceta de productor y ayudó a muchos raperos y raperas emergentes: “Un montón de laburo de onda, y conectaba a unos con otros. Eso es ayudar en todos los sentidos”, explica.
Purple House encontró su lugar en el cruce con otros estilos. Empezaron a tocar con bandas de punk, heavy, folklore y nu metal y esa apertura les dio una visibilidad que la escena hip hop nunca les había dado. “Al abrirnos nosotros, muchos de los músicos de Rosario nos toman como los primeros, pero fue eso: porque no veían hip hop, era muy de nicho”, explica Pabliko. El momento de mayor proyección de Purple House llegó con Clase (2008), aunque la banda editó nueve discos a lo largo de su carrera. Ese recorrido también acercó a Pabliko a figuras del rock argentino: mantiene una amistad con Pity Álvarez, colaboró en “Altar”, del álbum Siempre es Hoy de Gustavo Cerati, y también trabajó junto a Illya Kuryaki. Hoy se siente cercano a la escena del trap y sigue vinculado a las nuevas generaciones del hip hop rosarino como productor de eventos, tallerista y músico. Concluye: “la cultura hip hop y sus elementos marcaron el pulso de mi vida; es mi forma de vida, la forma de expresarme y la forma que tengo de ver las cosas, cómo soy, cómo pienso, las cosas que hago, inclusive las decisiones que tomo”.

A.M.C., Bola 8, Natural Rap, Loca$h, Purple House y, un poco más adelante, Mala Semilla forman parte de esa primera genealogía del hip hop rosarino. Con muy pocos recursos y una red de amistades que hacía circular información y contactos levantaron una escena prácticamente de la nada. Lo que queda de aquellos años son algunas grabaciones en casete, VHS y flyers que cuidadosamente atesoran los protagonistas de esta historia y quienes aseguran haber estado ahí con ellos.
* Artículo basado en entrevistas realizadas por Martín Biaggini, María Cecilia Picech y Constanza Abeille.
