En 1991, dos adolescentes que se conocieron por una remera de Public Enemy terminaron formando el primer grupo de rap de la ciudad. De las primeras grabaciones caseras y los recis hardcore al contrato con BMG y el compilado Nación Hip Hop 1, esta es la historia de los que abrieron el camino.
Año 1991. Guru y Premier, con el proyecto Gang Starr, lanzaban su segundo disco, Step in The Arena, considerado hoy un clásico del rap underground de la costa este. Pocos meses después, De La Soul publicaba De La Soul Is Dead, y A Tribe Called Quest sacaba uno de los discos imprescindibles del género, The Low End Theory. En la costa oeste, Ice Cube sacudía la escena con Death Certificate, Digital Underground retomaba la tradición del P-Funk con Sons of The P (un tributo merecido a Parliament y Funkadelic) y Public Enemy ampliaba su público con el Apocalypse 91, The Enemy Strikes Black.
Por esa época, Technotronic y el estilo hip house lideraban las listas de éxitos y marcaban el pulso en las pistas de baile: “Pump Up The Jam” sonaba en todos los boliches y las radios del mundo. En Argentina, un muchacho llamado Mario Pietruszka, Jazzy Mel, que había formado parte de la Morón City Breaker, se convirtió en el ídolo de las juventudes. Con una impronta más rockera, los Illya Kuryaki & The Valderramas comenzaron a explorar el género en Fabrico Cuero.
El hip hop se expandía, se sofisticaba, se volvía industria y discurso político, pero en Rosario todavía era una rareza. Los músicos de la ciudad se inclinaban más por el “rock clásico” y las bandas que se escuchaban y se veían tocar en pubs y en teatros de la ciudad eran Punto G, Vilma Palma & The Vampiros y Graffiti. Quienes sentían curiosidad por el break se reunían en el oeste para practicar pasos y giros sobre el cemento. En los boliches, con suerte, algún DJ colaba un tema de rap entre los hits de moda.
Hasta que un día, en una esquina cualquiera, esperando el colectivo, Diego —AKA Kap-D— vio una remera de Public Enemy. No conocía al chico que la llevaba puesta, pero en una ciudad donde casi nadie escuchaba rap, esas letras blancas sobre negro decían mucho. Pepe había comprado la remera en Alcohol, la rockería de Mitre al 800. Como Kap-D, también organizaba su adolescencia alrededor de esos sonidos que llegaban desde Estados Unidos y que ambos escuchaban en cassettes copiados o discos importados.
Estos dos chicos de barrio —uno de zona sur, entre Tablada y el Fonavi de Grandoli; el otro de Echesortu, zona oeste— no sabían aún que ese cruce casual los llevaría a formar A.M.C. (Aterradoras Manifestaciones Civiles, entre otras variaciones del acrónimo), primer grupo de rap de Rosario y pioneros del género en Argentina.


Buscando un lugar en un mundo que no estaba hecho para ellos
Muchos jóvenes como Pepe y Diego, que vivían algo alejados del centro de Rosario, viajaban a diario en colectivo para llegar a la escuela. Era habitual verlos deambular por las calles y juntarse en las plazas o en los fichines —como el Bowling 10—, donde Pepe conoció a sus amigos heavies. Como el hijo de Sarah Connor en Terminator 2 —estrenada ese mismo año—, él y otros adolescentes se sentían identificados con la rebeldía antisistema y Public Enemy era un grupo contestatario. Cuando Pepe vio el video de “Bring the Noise”, que hicieron con la banda heavy metal Anthrax, sintió que los valores de la Cultura (el hip hop) no eran tan distantes a los de los chicos con los que se juntaba en ese entonces, a pesar de vestir “ancho” y ellos “ajustado”.

Diego, en cambio, era parte de los primeros skaters de Rosario. Viajaba a Buenos Aires a comprar tablas en la Bond Street, donde también se escuchaba rap. Leía la Thrasher y la Source, biblias del skate y la cultura alternativa. Con sus amigos, se juntaban en la Plaza Pringles (Córdoba, entre Pte. Roca y Paraguay) y en el Parque España, epicentros de la Rosario alternativa. La policía los paraba a cada rato: por vestir distinto, por la bici o el skate, por tener aritos o crestas de colores, porque escuchaban hardcore punk. “Te veían con pantalones anchos, ropa larga y te decían: ‘volvé a Estados Unidos’. Era raro ver a alguien vestido así, haciendo graffiti”, recuerda Diego.
Después del encuentro en la parada de colectivo, Pepe empezó a juntarse con ellos y a viajar hasta la casa de Diego para escuchar música y ensayar. Como parte del recorrido, a veces pasaban por Donington, la disquería ubicada en calle Rioja al 1100, y encargaban discos por catálogo que venían de Estados Unidos. Ponían el ojo en los Maxi Singles, esos discos de 12 pulgadas que traían el tema original, el radio edit y, lo más importante para ellos, la pista instrumental, sobre las que fueron improvisando sus primeras rimas.
Un animador con una biblioteca de vinilos
Si hay un nombre que atraviesa todas las historias del rap rosarino de los noventa, ese es Mike Dee. Cuando Diego lo conoció, trabajaba en un boliche llamado “El Bajo”. Ese DJ, que animaba la pista con comentarios entre tema y tema, tenía toda una trayectoria previa en Buenos Aires: venía de la histórica escuela de Morón, había participado como MC y DJ en El Satánico Dr. Cadillac (1989), el disco de Los Fabulosos Cadillacs, había tocado frente a cien mil personas en el Obelisco, había aparecido en programas de televisión y en la película Sabrina Love.
Mike Dee desembarcó en Rosario en 1990 y trajo consigo toda una biblioteca de vinilos. Para esa época, la mayoría de los breakers de la escuela de Morón ya tenían un buen dominio de los otros elementos del hip hop: sabían rapear, mezclar y hacer scratch con bandejas y algunos se animaban también al graffiti. El hip hop era una cultura, una estética y un modo de vida para ellos. Ese conocimiento fue lo que Mike Dee les aportó a Diego y a Pepe; y su casa, que se convirtió en el laboratorio de A.M.C.

Ahí, con dos bandejas Technics SL D2, una consola, un micrófono y una casetera, Mike, Pepe y Diego grabaron demos como se hacía en Estados Unidos en los años ochenta: Mike ponía los discos, buscaba la parte instrumental —el loop donde el baterista y el bajista suenan solos—, scratcheaba y ellos rapeaban encima. Después lo pasaban a cassette y hacían unas pocas copias para los amigos, con las portadas decoradas con los graffitis de Diego.
Uno de esos amigos era Maximiliano Bueno, editor del fanzine Pinhead y más tarde productor de eventos, que viajaba, tenía contactos y los hacía tocar en las fechas que organizaba. Maxi venía del hardcore punk, no del rap, pero gracias a él los demos de A.M.C. llegaron a Córdoba y a Mendoza, lugares donde todavía no había grupos de rap pero sí gente interesada en escucharlos.

“Nosotros entramos en esa movida y nos aceptaron todos”, dice Pepe. “Por más que no les gustara el rap, ellos sabían que nosotros estábamos haciendo algo alternativo o antisocial y que no teníamos lugar en otro mundo”. Así, A.M.C. formó parte del circuito hardcore punk. Se hicieron amigos de bandas como Muerto en Pogo o Intense Mosh, con quienes compartieron fechas en plazas, bares y mutuales.
El primer recital fue un domingo a las 11 de la mañana, en la Plaza Libertad (Pasco y Mitre), junto a diez bandas hardcore. Los organizadores del evento tenían un permiso especial de la Municipalidad de Rosario y hasta las 14 podían tocar. Aquello era un desfile de crestas, tatuajes y piercings, bajo el sol del mediodía. Diego y Pepe recuerdan que el sonidista contratado para la ocasión no entendía qué hacía Mike Dee, todo el show de bandejas y mixer.

Un cerebro y una computadora
En 1994, Mike Dee se alejó de A.M.C. Tenía que volver a Buenos Aires, estaba por ser papá, quería armar su propio proyecto —Bola 8— y además ayudaba a otros grupos, como los Natural Rap, a dar sus primeros pasos. Al quedarse sin DJ, Pepe y Diego tocaron un tiempo con Coxis, una banda hardcore que tenía sus canciones y los invitaba en ocasiones a rapear sobre las bases instrumentales que tocaban.
El mismo año, Pepe comenzó a trabajar como guardia de colectivos y por esas casualidades de la vida se encontró con Brian Masone, conocido como Cerebro o DJ Dharman. Él trabajaba en los cumpleaños de quince y en los boliches locales. Había puesto música house en Lexo, en Cocodrilo, en Energy y en Stadium. Aunque venía de una escena muy distinta al rap, el hardcore o el punk —escuchaba Kraftwerk y Depeche Mode y le gustaba la electrónica—, sabía técnicamente cómo editar música y, sobre todo, tenía algo que Mike Dee no tenía: una computadora.
Con Cerebro, A.M.C. entró en la era de la edición digital. Ya no se trataba únicamente de poner un vinilo, buscar el loop, scratchear y grabar en cassette porque ahora también podían samplear, editar y armar sus propias pistas desde cero. El proceso seguía siendo artesanal —cortar y pegar fragmentos de canciones— pero con la ayuda del Fast Tracker, un programa que les permitía editar los samples y terminar de dar forma al beat.
Ensayaban en la casa de Cerebro, en zona sur, espacio al que bautizaron Fonavi Records. Grababan las pistas en archivos WAV y las bajaban a un CD o a un minidisc para reproducirlas en vivo. En 1995 grabaron en El Camote Records, uno de los estudios más viejos de Rosario y de ahí salió el primer demo con mejor calidad de sonido. Un año después, en 1996, un amigo —Fabián Giacca, bajista de la banda punk Entre la Basura— los llevó a Godzilla, un estudio que «tenía el oído más abierto», donde grabaron cuatro temas prometedores.
Esas fueron las canciones que Pepe llevó a Buenos Aires, con Fabián oficiando de manager, para ver si podían “pegarla”. Una de las personas con las que hablaron fue Tortuga, cantante de Tumbas, que atendía un local al lado de la Bond Street. Pepe le dio el CD y le dijo: “Fijate si nos podés dar una mano”. A la semana, lo llamó Alejandro Almada, el productor de Nación Hip Hop 1, invitándolos a formar parte del primer compilado de rap en Argentina. Producido por BMG, el disco se grabó en los estudios de Gustavo Cerati y contó con Zeta Bosio como productor artístico.
Reseña del Nación Hip Hop 1 (BMG, 1997) por Juan Data, periodista y fanzinero
Una mesa larga y negra, en un edificio de muchos pisos
La firma del contrato con BMG ocurrió, como era de esperar, en Buenos Aires. Al llegar al edificio de la multinacional, les regalaron CDs y tomaron champán con Afo Verde, manager y productor ejecutivo que un tiempo después acompañó a las Bandana. Hasta entonces, pocos raperos argentinos habían firmado con una major: IKV, Jazzy Mel, Club Nocturno. Ahora se sumaban ellos, junto con el resto de las bandas convocadas. A pesar de no recibir una retribución económica significativa, el disco les dio visibilidad, y eso era importante. A Pepe le tocó ir a buscar los suyos a Radio Cristal, la misma emisora que sintonizaba cuando era chico. El dueño del Grupo Cristal, de apellido Rodríguez, era el representante de BMG en Rosario.
Almada les pagaba una camioneta para viajar a Buenos Aires a tocar. Otras veces iban por su cuenta, juntando plata como podían. Tocaron ante 20 mil personas en el festival Buenos Aires No Duerme y en locales icónicos como Dr. Jekyll o Cemento. Gracias a ese proyecto pudieron conocer a Los Adolfos, El Sindicato y a los Encontra del Hombre, con quienes iban a Nave Jungla, el boliche donde estaba la movida del rap porteño.
“Salten Ahora”, el tema de A.M.C. incluido en Nación Hip Hop 1 fue, según el mismo Almada, uno de los que más pegó, junto con los temas de El Sindicato. «Era muy skater, bien urbano, underground», dice Pepe. Si bien es un tema animado, en realidad lo que quiere decir es “movete, expresate, no te quedes quieto, mirá las cosas que pasan, defendé a la gente como vos, que todos seamos iguales”.
A.M.C en el Festival Buenos Aires No Duerme
Decirlo de otra manera
El éxito que representó haber llegado a formar parte de un proyecto de la magnitud del Nación Hip Hop 1 no evitó la separación. En 1998, cuando terminó el contrato con BMG, A.M.C. se disolvió. Pepe quería seguir haciendo algo más clásico mientras que Diego y Cerebro buscaban explorar sonidos más oscuros, al estilo del III: Temples of Boom (1995) de Cypress Hill.
Diego y Cerebro continuaron como dúo, Cerebro-Kapaz. Grabaron en 1998 y sostuvieron el proyecto durante tres años. Pepe armó Da2vueltamuzik, con dos chicos de zona sur del grupo de rap El Veredicto. Se dio el gusto de hacer la música que quería, se armó un estudio casero y siguió produciendo música.
Hoy, cuando buscamos “A.M.C.” en YouTube, aparecen apenas uno o dos videos de recitales y los temas incluidos en Nación Hip Hop 1. Sin embargo, en los comentarios, gente de todo el país cuenta que los escuchó en los noventa y que por algún amigo les llegaron los cassettes. “Es real eso”, dice Diego.
* Foto Central por Martín Biaggini.
* Artículo basado en entrevistas realizadas por Martín Biaggini, María Cecilia Picech y Constanza Abeille.
